A pesar de lo mucho que hay para ver, una colección despierta especial interés: la exhibición del rey Tut. Tut se convirtió en faraón, o gobernante, de Egipto hace unos 3,400 años. Entonces tenía tan solo 8 o 9 años. También conocido como el rey niño, Tut murió una década más tarde.
Los antiguos egipcios conservaron el cuerpo de Tut como momia. Como creían en la vida después de la muerte, enterraron a Tut con sus pertenencias, como máscaras, joyas y juegos, para que pudiera utilizarlos en el más allá.
Durante siglos, la tumba de Tut permaneció oculta. En 1922, el arqueólogo británico Howard Carter la descubrió en el Valle de los Reyes, un cementerio de reyes cerca del río Nilo. Al equipo de Carter le tomó 10 años sacar los objetos con cuidado.
Hoy en día, solo la momia de Tut permanece en su tumba. Todo lo demás, desde su ropa hasta su carro de guerra, está en el Gran Museo Egipcio. Más de 5,500 objetos de la tumba de Tut se exhiben al público juntos por primera vez.
“Nos da una visión maravillosa de lo que debe contener una tumba real —explica Ikram—. Y nos habla de la vida y la muerte de Tut”.
Ikram señala que el museo alberga objetos arqueológicos que explican todo, desde los dioses y los gobernantes hasta la vida diaria de los antiguos egipcios. Todos los visitantes viven una experiencia única.
“Así es como debe ser una visita al museo, un viaje personal de descubrimiento”, dijo Ikram.