Es la hora del almuerzo en la escuela primaria San Marcos, en California. Cuando los alumnos terminan de comer, no tiran la basura en un solo cubo, como solían hacer. Ahora la clasifican con cuidado. Las manzanas a medio comer van a un cubo especial para restos de comida. Los cartones de leche van al cubo de reciclaje. Y las bolsas vacías de papas fritas y los envoltorios de barritas de cereales se botan en la basura normal.
Todo esto forma parte de un programa que iniciaron el año pasado los alumnos de quinto de la clase de la maestra Melissa Cuevas. Instalaron una estación de clasificación en la cafetería con cubos separados para el compost, el reciclaje y la basura normal.
“Sentí que esto ayudaría al medio ambiente y a nuestra escuela”, dijo Melanie Martínez, de 11 años.
El programa ya es un gran éxito. Los alumnos evitan que miles de libras de alimentos y materiales reciclables terminen en los vertederos.