Courtesy of family
Carl Asaro (extrema izquierda) posa con cinco de sus seis hijos en los años 90.
Antes de acostarse el 10 de septiembre de 2001, Rebecca Asaro le pidió a su papá, Carl, unos caramelos de menta.
“Por la mañana, lo vi dejándolos en mi mesita de noche —recuerda Rebecca, quien tenía 9 años en ese entonces—. Me dio un beso de despedida antes de irse al trabajo”.
Esa fue la última vez que Rebecca vio a su padre.
Esa mañana, el 11 de septiembre, unos terroristas estrellaron dos aviones contra las Torres Gemelas en la Ciudad de Nueva York. Carl fue uno de los 343 bomberos que sacrificaron sus vidas por ayudar a los demás.
Han pasado 25 años desde ese trágico día, al que hoy conocemos como el 9/11. Hoy Rebecca y tres de sus hermanos mantienen vivo el recuerdo de su papá de una manera muy especial. Son bomberos del Departamento de Bomberos de la Ciudad de Nueva York (FDNY, por sus siglas en inglés), igual que Carl.